A Santiago no lo vi más. El me seguía llamando, yo veía su numero en la pantallita brillante de mi celular y dejaba que suene. (Un par de años más tarde estrenó su primera película, la critica lo catalogaba como el terrible enfant de la cinematografía independiente argentina, Alan Pauls presentaba sus cortos los miércoles a las veintitrés, y él se peleaba con los fotógrafos de las revistas de chimentos que le sacaban fotos con su novia, una actriz de unitarios bastante conocida.)
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