la sangre se espesa y el cerebro
queda boqueando en la orilla
siento cada pliegue y en cada uno, una idea
rota, desasida
vitrinas
con cosas perdidas
abolorio de pobres—
el pez de cemento en un molde de plástico,
la bijou de perlas y gemas de fantasía,
santos en cartones manoseados,
impregnados con el olor amargo
del humo y el alcohol.
en el pantano de los genes tristes
se cuecen lentamente los fracasos
la vida relumbra apenas en un frasco sucio
y de uno de los pliegues asoma un papelito
doblado más de siete veces
con una promesa
cuyo cumplimiento depende de mi fuerza
y de la alianza con los genios y fantasmas
que todavía hacen barullo en interiores.
y sin embargo
yo no quiero ser la triste.
llevo la melancolía
como quien arrastra a su presa.
una trenza muy larga
me rodea entera, sisea y zigzaguea.
soy de agua y de metal,
pero mis pupilas son brasas.
voy.
llevo la trenza y la espada.
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