no era por el entreverado de verdes,
ni por el desborde de néctares
cuyo perfume el aire tibio exageraba.
cuyo perfume el aire tibio exageraba.
no era por la tierra el paraíso.
mucho menos por vos,
completamente ausente
en ese sueño sobre tu país,
que desde luego no era tu verdadero país,
—la cárcel más grande del mundo—
sino una idea primitiva
anterior a los nombres
que le destrozaron
las entrañas
a las cosas
de acá.
que desde luego no era tu verdadero país,
—la cárcel más grande del mundo—
sino una idea primitiva
anterior a los nombres
que le destrozaron
las entrañas
a las cosas
de acá.
el paraíso era una mujer
de dedos largos
que me cuidaba
bajo el cielo jugo de naranja
y pomelo rosado.
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