Trajo su navaja una tarde que ahora es abril.
Nos pasabamos las tardes tallando ramas que sacabamos de mi árbol, tallbamos puertas, también el piso. Parábamos de tallar cada determinados periodos, que terminaban cuando llegaba al punto más alto el tallar frenético. Entonces nos acostabamos boca arriba con los brazos extendidos. A veces uno de nosotros giraba como un tronco cuesta abajo por el piso del departamento, como si con el peso orientado hacia donde el cuerpo iba dibujara el declive, la pendiente del parquet. Nos gustaban esas tardes, hasta que nos acostumbramos. Habrá durado un mes... su navaja ya había perdido el filo. Cuando aquel pretendido abril terminó nos dimos cuenta de la cantidad de cosas que habíamos tallado. En las puertas había figuras de perros y gatos, los pisos estaban llenos de sirenas, había hombrecitos en miniatura, miles de ellos, desparramados a lo largo de todo el ambiente.
2 comentarios:
teñiste la visita de mi old navajita a tu casa en un sinfin de posibilidades y tamaños.
magnífico.
hermoso lo que me mandaste. igual lo voy a releer. una y mil veces.
q lindo lali
nome puedo dormirrrrr
fakgbakgha
ahkdafjaf
bu.
él tampoco me qiere
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